La discapacidad es un estado de lujo, claro que si.

La discapacidad es un estado de lujo, claro que si.

Es que es de lógica. 2015, ya lo dice nuestro amado presidente en cada micrófono que ve (y ahora sin necesidad de plasma), será el año de la más mejor recuperación económica que haya visto nunca los españoles. Las palabras desahucio, pobreza energética, bancos de alimentos y malnutrición infantil serán cosa del pasado, como demuestra la gran subida de pensiones y sueldo mínimo profesional aprobada: un 0,25%. Es decir, 3,30€ más al mes (desde aquí llamamos a la moderación y exhortamos a nuestros lectores a no gastar a lo loco esa nueva renta disponible, y a ahorrar una parte, que luego pasa lo que pasa).

Qué gran futuro nos espera.

Pero seamos serios: un nuevo estado de riqueza debe ir acompañado de una equitativa progresividad en los impuestos. Ya se sabe, para pagar el estado del bienestar, enseñanza y sanidad (a no ser que tengas hepatitis C, en cuyo caso vete preparando el rosario y las estampitas). Y es que Hacienda somos todos.

Y en consonancia de esa generosa subida en las pensiones, nuestro eficientérrimo gobierno ha aprobado unas pequeñas modificaciones de nada en la ley del IVA. Nada. Una tontería de nada: la supresión de facto del iva reducido al 10%.

Hagamos memoria. Hace solo 3 años la gran mayoría de los productos sanitarios y destinados a la salud, entre ellos, las ayudas técnicas, pagan un tipo de IVA Superreducido al 4%. La justificación es lógica: los productos destinados a primera necesidad, como los relacionados con la salud, no deberían ser gravados como los artículos normales o de lujo (que entonces tributaban al 18%). Pero entonces ya hicieron un cambio: se eliminaron muchos productos con la consideración de producto sanitario, y los que estaban, se subía a un tipo reducido del 10%. Una subidita del 6%.

Pero a nuestros amados gobernantes no les pareció suficiente, y amparados en un interpretación interesada de una directiva europea (ya se sabe, interesa igualarnos a Europa en lo relativo a los impuestos, pero no a lo que recibimos con ellos), el gobierno pega un hachazo y sube el IVA al 21%. Es decir: del 4% al 21% en unos 3 añitos.

¿Y qué hay que pagar al 21%? Pues, amigo discapacitado o pensionista con problemas físicos, todo. A no ser que se disponga de una consideración oficial de discapacidad superior al 33% (y ya sabemos lo que cuesta hoy en día ese reconocimiento), los andadores, los bastones, las muletas, las rampas de acceso, las scooters eléctricas, las camas articuladas, o las sillas de ruedas, cualquier ayuda técnica, será un 11% más caro al consumidor, un 17% más caro que hace tres años.

Es decir, que paga el mismo IVA el andador de su señora madre que el yate de lujo de la señora Botín. Igualdad ante todo, por supuesto. Y es que la enfermedad es un lujo, claro que si.

“En el buen camino”. Ajá.

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