El dolor: ese complicado amigo

El dolor: ese complicado amigo

dolor

Las consultas relacionadas con el dolor son muy frecuentes, porque ¿a quién no le duele algo?. Por una enfermedad, por un mal gesto, por un defecto congénito… o por causas aún más complejas. Migrañas, dolor de espalda, cervicales, piernas, fibromialgia,…

¿Pero qué es el dolor?¿y por qué aquí le llamamos “amigo“?.

 

Bueno, porque lo es. De hecho, una gravísima afección es la comúnmente llamada CIPA, un trastorno genético que hace que el cerebro no reciba las señales de dolor… y cuyos efectos derivan en gravísimas heridas, quemaduras y cortes derivados de esa insensibilidad. El dolor es nuestro amigo, porque nos aleja de situaciones potencialmente peligrosas o nos avisa de un estado físico anómalo: hemos tomado algo en mal estado, uno de nuestros músculos ha sufrido un daño físico, tenemos una inflación en cierta parte del cuerpo…

Y sin duda el dolor ha sido un buen aliado: evolutivamente hablando es una buena característica. Los especímenes  sensibles al dolor han tenido más descendencia que los especímenes menos sensibles: nos hace escapar más rápido de una situación peligrosa, nos hace evitar ciertos comportamientos perjudiciales y nos hace descansar ante averías funcionales de nuestro sistema para evitar empeorar su estado mientras se cura. Tener dolor mejora nuestra adaptación a los cambios,  y ésta es la piedra angular de la evolución.

Aunque, como todo en la vida, tiene un precio. Y el precio de ese aliado es su desajuste, cuando el sistema deja de estar bien calibrado.

 

Know Pain, No Pain

dolor cabezaEl prestigioso neurólogo Arturo Goicoechea, en su imprescindible blogKnow Pain, No Pain” (no nos cansaremos nunca de recomendar su lectura a todas las personas que padezcan un dolor crónico, del tipo que sea) suele comparar nuestro sistema nervioso relacionado con el dolor con un complejo sistema de alarma antirrobo, con múltiples sensores de alarma y posibles respuestas: tenemos cámaras de seguridad, sensores infrarrojos, sensores de movimiento, sensores de temperatura… y en función del cambio registrado, podemos emitir una señal de preocupación, o hacer sonar una alarma, o llamar a la policía, o cerrar todas las salidas y gasear la zona, como en las películas 🙂

Y, por supuesto, es bueno tener un sistema de alarma en un entorno cambiante y peligroso. Es bueno que salten las alarmas ante ciertos cambios fisiológicos, inflamaciones, o daños físicos, porque pondremos remedio. Pero a veces el sistema es demasiado sensible, y las alarmas saltan injustificadamente. A veces nuestro sistema de alarma salta por una simple corriente de aire, por una moto de polvo o por un desajuste en los sensores. Y, aunque no hay intrusos, los sistemas defensivos saltan igual. Y, puesto que salta la alarma, el cerebro interpreta que hay un motivo para la alarma y suelta todos sus mecanismos de defensa: intranquilidad, dolor, angustia, y un sistema generalizado de alarma.

Éste es el principio, simplificado y metafórico, de una corriente cada vez más numerosa de neurólogos expertos en el tratamiento del dolor. Afecciones como las migrañas, la fibromialgia, decenas de dolores crónicos sin afección documentada, parecen tener su causa en este desajuste de nuestros sensores. ¿Significa eso que las personas afectadas por esas afecciones están “locos”, que su enfermedad es mental?. No, por supuesto. Su cerebro está bien, simplemente recibe la información equivocada y reacciona como debe reaccionar. Aunque no haya motivo real para ello.

dolor espalda¿Y cómo podemos afrontar este desajuste sensorial? Pues es complicado, porque hay que reprogramar muchas combinaciones de estímulo-respuesta. Desde luego, ser conscientes de lo que es el dolor, de cómo funciona, y quitarle la parte emotiva e irracional ayuda, y mucho. Con paciencia y con ayuda externa, unidades de tratamiento del dolor como la que dirige el doctor Goicoechea arrojan resultados espectaculares.

Y es entendiendo el funcionamiento del dolor cómo se puede explicar el efecto placebo.  Y cómo existen decenas de prácticas de dudosa justificación científica que “funcionan” en el tratamiento del dolor.

 

Puesto que no hay un estimulo “real” al dolor (no hay una inflamación, no hay una infección, no hay un daño muscular,…) pero aún así nos duele, una acción destinada a reducir el dolor entendida por nuestro cerebro de forma consciente o inconsciente apagarán muchas de las alarmas recibidas. Si nuestro cerebro recibe un estímulo (la alarma -el dolor-),  necesita una acción (el tratamiento) para reducir el estado de alarma. Si el daño es real, necesita algo que realmente solucione el problema. Pero si el daño es sólo percibido, cualquier acción recibida y entendida por el paciente como un tratamiento válido, funcionará. Porque desaparecerá la sensación de angustia, de emergencia, de necesidad de reacción: hemos hecho algo para remediarlo, y al no existir fundamento físico, el dolor remitirá.

Y en este principio se asientan una enorme parte de la magufería. Homeopatía, pulseras magnéticas, cristales “energéticos”, imposiciones de manos e incluso la oración (invocar con una fe la acción de una divinidad) funcionará. Y se abre el ciclo del AmiMeFuncionalismo. 

 

El aspecto ético del asunto

Porque, claro. El tema es que funciona. Magufería o no, estafa o no, esas cosas funcionan. El paciente deja de tener dolor, y sin ese tratamiento, seguiría doliendo. Y así las cosas… ¿hasta que punto es ético vender o no estos productos que funcionan?.

Más aún: lo menos que quiere oir una persona con dolor es que su dolor es imaginario. Aunque se explique todo lo anterior con detalle y simplicidad, el paciente sólo entenderá que lo suyo es imaginario. Y lo más probable es que se enfade y acabe en manos de la medicina no convencional. Es decir, de la pseudociencia y la magufería. Y le funcionará, claro que sí. Al menos, por un tiempo.

¿Qué hacer? Divulgación, información, formación y cultura. Aunque los avances sean lentos, aunque luchar contra la ignorancia sea desesperante… es el único camino.

 

Pero cuando el dolor es el de un familiar que sufre, y se ha intentado explicar y formar y sigue sufriendo… y cuando una pastilla de sacarosa vendida a precio de oro (y cuanto más cara mejor) mejora el ánimo real y la sensación de bienestar del paciente… ¿quien se negaría a utilizarla?

 

 

 

One thought on “El dolor: ese complicado amigo

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *