El pais donde la discapacidad se esconde

El pais donde la discapacidad se esconde

Tras la Semana Santa y las festividades de abril – mayo muchos somos los que hemos tenido la oportunidad de hacer alguna salida por ahí. Quizá a pisar la playa a Benidorm o similares, quizá una salida a un país de nuestro entorno… el caso es que a la vuelta a las oficinas la gente de Independi.es siempre comentamos lo mismo: el grado de utilización de las ayudas técnicas en Europa, y el que tenemos en nuestro país.


Si uno va a Benidorm, a Mallorca, a Salou… a playas icónicas de nuestro turismo, es de destacar la cantidad scooters, sillas de ruedas eléctricas y andadores avanzados que utilizan los turistas extranjeros sin pudor alguno. Uso que se confirma si uno viaja por Francia, por Inglaterra, por Alemania o por cualquier país del Norte de Europa. O por los Estados Unidos.

Y, evidentemente hay un factor obvio: la renta, y la cobertura de la Seguridad Social. Mientras que los franceses, y no digamos los norteuropeos, además de pensiones dignas,  tienen una cobertura sanitaria que les financia en su totalidad (o casi) el uso de Scooters, Sillas eléctricas o Andadores ante cualquier supuesto (edad, enfermedad) que le suponga una merma en su aparato motor, en España nuestro eficientísimo gobierno no sólo pone mil y un impedimentos, sino que pide un nivel de discapacidad reconocida muy alto, y deja fuera de la cobertura a las Scooter eléctricas (o silla de ruedas o nada), y, rizando el rizo, sube el IVA de las Scooters al nivel máximo. Es decir, que si te compras un yate o si le compras una scooter a tu madre de 70 años cuya artritis o cuya cadera  no le permite andar, pagarás el mismo IVA: un 21%. Por supuesto. Como decía Valle Inclán, vaya caterva de cráneos privilegiados.

Pero, y de esto va este post, hay algo más. Algo más sutil, y que, sin embargo, aparece claramente cuando hablas con los potenciales usuarios de esos productos. Algo realmente incomprensible en pleno siglo XXI pero que se comprende con nuestra historia y nuestra herencia cultural: la vergüenza a la enfermedad. Nos avergonzamos de estar enfermos, nos avergonzamos de ser mayores. 

No es complicado achacar este ridículo comportamiento a la herencia cultural de nuestro nacional catolicismo; a fin de cuentas toda la generación de españoles mayores de 65 años se criaron y se formaron bajo la sombra de un catecismo y un dios que hacía de la enfermedad un castigo. Si Dios mandaba plagas y enfermedades a los pueblos enemigos del pueblo elegido, si Dios maldecía a Job con enfermedades, es porque las enfermedades son voluntad de Dios. Y la contraria:  Dios, y las vírgenes, y los santos curan enfermedades a mansalva cuando el enfermo tiene fe, luego si uno está enfermo es porque no tiene suficiente fe. Como resultado, toda una generación considera vergonzosa la enfermedad. Y la enfermedad se esconde.

Y, especialmente en el área rural, esto es visible en nuestro país: a las personas con discapacidad mental o motora se les cuida, por supuesto, pero de puertas hacia adentro. No se habla, no se muestra, se oculta. Y la enfermedad, o la discapacidad, se sufre y se vive en soledad. Y sucede que atendemos muchos casos de hijos que quisieran que sus padres salieran de casa, y se relacionaran más, y vivieran más; pero que se niegan a hacerlo. Se enclaustran entre sus paredes, o en su residencia, víctimas de un estigma en muchas ocasiones inconsciente, pero real. Y es una auténtica desgracia.

Claro que esto cambiando. Poco a poco, pero empezamos a notar ese cambio de tendencia. Las asociaciones, la visibilidad publica de personas con discapacidad (al margen de ideas políticas, qué gran valor tiene para el colectivo la aparición de Pablo Echenique en la vida política), el ejemplo de los extranjeros que viven en nuestro país… están cambiando esa mentalidad. Afortunadamente.

¿Es tu caso?¿Tienes familiares mayores que se niegan a salir de su casa por su discapacidad o por su enfermedad?

 

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