«La discapacidad no me impide vivir a tope la vida y el deporte»

«La discapacidad no me impide vivir a tope la vida y el deporte»

Antxon Arza fue un pionero del descenso de aguas bravas en ríos de los cinco continentes y, tras quedar parapléjico a raiz de un accidente en 2000, continúa siendo un entusiasta practicante de éste y de otros deportes de aventura. Es un hombre vitalista, un navarro tenaz y entrañable, muy conocido por su participación en el programa de TVE «Al filo de lo imposible». Sigue practicando natación, piragüismo y buceo. Esquía sentado y viaja por los desiertos del planeta a lomos de un quad. Siempre en compañía de sus amigos, empapándose de su amor por la naturaleza. Antxon Arza inaugurará las Jornadas de Viajes, Naturaleza y Antropología Amalur del CIT. Será el próximo viernes 16 de marzo, a las 19.30 horas, en el Topic. El título de su charla: «Maneras de vivir». Toda una declaración de principios.
¿Qué nos encontraremos en el Topic el próximo viernes?
-Me gusta improvisar, la verdad. Intentaré aportar mi visión deportiva sobre los ríos. Llevaré un audiovisual de 45 minutos que será un resumen de los reportajes de «Al filo de lo imposible» que más me gustan. También desgranaré mi pasión por la montaña y la naturaleza. Recordaré como empecé de niño a ir al monte con las aitas, cómo me enganché a la escalada, al montañismo, a la espeología, a la bicicleta de montaña, al kayak., actividades que te permiten disfrutar de la naturaleza, trabajar en equipo, afrontar nuevos retos e ilusiones. Contaré cómo fue el accidente que me dejó parapléjico y cómo he seguido encarando con optimismo la vida, siguiendo con mis proyectos deportivos en la naturaleza. Veremos imágenes de buceo adaptado, de kayak, de esquí en silla.
-¿Cómo empezó su colaboración con «Al filo de lo Imposible»?
-Fuimos pioneros en la práctica del descenso de ríos en piragua. A raíz de ello conocimos al equipo de «Al filo de lo imposible». Hicimos un reportaje en el Pirineo, les gustó cómo quedó, y nos propusieron impulsar un proyecto sobre descenso de aguas bravas en los cinco continentes. Navegamos en Pakistán, en Chile, en Marruecos y en Nueva Zelanda, en Africa.Fue un proyecto muy bonito, inolvidable.
¿Cómo fue el accidente? ¿Cómo ha afrontado la vida desde entonces, su pasión por el deporte y la naturaleza?
-Fue en un salto de 15 metros en el río Yuruani (Venezuela), en el año 2000. Me rompí dos vértebras. Me cortaron las alas pero no las ilusiones ni las ganas de seguir adelante afrontando con pasión nuevos retos. Mantengo una actitud positiva ante la vida y siento las ganas de hacer cosas, intento hallar soluciones para seguir «volando». Por eso quiero seguir transmitiendo la idea, la convicción, de que con actitud positiva, si se quiere, se puede, siempre con el apoyo que nos brindan las nuevas tecnologías.
¿Se dio cuenta inmediatamente de la gravedad del accidente?
-Al caer noté el corte. Sentí que mis piernas eran como dos sacos de patatas hinchados. Sentí el corte en las vértebras, que en mi caso no fue total, pero vi inmediatamente que había una desconexión irreversible. Y le dije a mi compañero: «Para toda la vida en una silla de ruedas». El me replicó: «Anda, calla». Fue un momento de nerviosismo. Paradójicamente yo era quien más tranquilo estaba porque ya veía que no había nada que hacer. En Caracas me sometieron a una operación complejísima de 10 horas, muy bien hecha, y de aquí me trasladaron a un centro especializado de Barcelona donde estuve cinco meses y medio aprendiendo a afrontar una nueva vida, que es la que llevo ahora.
¿Cómo logra un aventurero como usted afrontar un cambio tan brusco en su vida? ¿Qué es lo que más le ha ayudado a salir adelante?
-Lo que más me ha ayudado ha sido tener una actitud positiva ante la vida. La pasión por hacer las cosas es fundamental. Cuando tienes ilusiones, la vida tiene sentido. Me han ayudado mucho mi familia, mis amigos., pero también mi afán por buscar nuevos retos, seguir apasionándome por la naturaleza, pasear por el campo aunque de otra manera, esquiar ahora sentado, nadar, remar. Sigo buscando nuevos vehículos adaptados que me permitan seguir moviéndome, sigo «enredando» y dando guerra.
-¿Ha cambiado su escala de valores en la vida?
-A mi siempre me ha gustado comerme la vida «a cucharadas». Tenía esta sensación antes del accidente y ahora quizás la tengo más agudizada. Y, efectivamente, te das cuenta de lo leves que somos, de lo poco que valemos, de que en cualquier momento te puedes ir, y de que el minuto que pasa no vuelve. Lo que sí me ha sorprendido muchísimo ha sido la solidaridad humana. La gente me ha ayudado muchísimo.
-Conoce casi todos los ríos del planeta. ¿Cuáles le han marcado más?
-Elegiría dos. El Ara. Aquí conocí a mi gran amigo Angel, hice mis primeros descensos, descubrí las aguas frías del Pirineo.. Y el otro es el Indo, en el Himalaya. Un cañón bestial, profundo, un río de unas dimensiones gigantescas.
-¿Es usted una de esas personas que necesita la adrenalina del riesgo a la hora de afrontar retos?
-Para nada, todo lo contrario. Nunca he buscado el riesgo. Es cierto que éste es parte de la vida, y que está en el medio natural más que en otros sitios, pero realmente en la naturaleza y en el deporte busco la tranquilidad, el disfrute de los amigos, del campo. La piragua, el esquí, el montañismo., son excusas para estar con la gente que quiero.
-¿Por qué le enganchó tanto la piragua?
-Desde pequeño he sido montañero y escalador. Cuando empecé a andar en piragua les decía a mis amigos: «Esto es una gozada. No tienes que madrugar, vas sentado y encima cuesta abajo, son todo ventajas». La piragua es muy lúdica. Es un deporte de deslizamiento. En las aguas bravas se disfruta muchísimo del río en tres dimensiones. Utilizas la fuerza del río y tu inteligencia para desplazarte. Se trata sólo de aprender la técnica suficiente para que, con lo que tú sabes, ir a donde tú quieres sin hacer prácticamente un esfuerzo.

Entrevista publicada en El Diario Vasco

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